lunes, 4 de abril de 2016

PROFESORES DE TANGO...

 
Cada día que pasa, desde que soy docente, me doy cuenta de la gran responsabilidad que esto supone, de lo complicado y lo maravilloso que es enseñar, transmitir el conocimiento de lo que amas.

Pero en este caso voy a abordar el tema de la enseñanza del tango, en la que me encuentro precisamente en el otro lado, es decir, soy alumna, pero al ser docente de una disciplina relacionada con la danza me quedo asombrada del panorama que percibo en este estilo.


El mundo del tango se expande a un ritmo desenfrenado: surgen profesores, seminarios, festivales, milongas, encuentros... hasta el punto de que el "mercado" está completamente saturado y me refiero también y sobre todo al tema de la enseñanza. No quiero generalizar, y me he encontrado docentes extraordinarios, que transmiten la esencia y la técnica con corrección y mucho amor, y también con mucha inteligencia y buen hacer (didáctica). Pero veo que proliferan ciertas figuras que están haciendo mucho daño al tango, a la práctica del baile y a su enseñanza, que como cualquier tipo de danza perdura por la transmisión de una persona a otra, y así infinitamente.
A menudo las personas que no son de la profesión me preguntan si es lo mismo ser buen bailarín y buen docente. En mi modesta opinión no, no es lo mismo, pero ¿puede ser que un excelente bailarín sea también un buen transmisor del conocimiento de la técnica y la interpretación del tango? Sí puede ser, pero no tiene por qué, son dos profesiones distintas, muy distintas que se pueden conjugar y enriquecer, pero no necesariamente van de la mano.
Primer fenómeno del tango: los grandes bailarines que se dedican a enseñar en festivales, seminarios y encuentros, haciendo tournées por los diferentes ciudades. También nos encontramos a los grandes profesores, que van de aquí para allá por todo el mundo enseñando lo que saben. Bien, seguro que hay cientos que son buenos docentes, pero estoy francamente hastiada de encontrarme gente que solo enseña pasos, pasos, pasos sin darse cuenta de que las personas que tienen enfrente no van a bailar en un escenario.
Así que les da igual enseñar las combinaciones en las que el hombre empieza siempre con un paso atrás (las milongas se vuelven una pesadilla después, y los hombres ya no saben construir combinaciones sin ese paso atrás) o sin hacer círculos hacia atrás (el mismo error) aunque muchos ni siquiera lo sepan reconocer. Y luego está el gran problema de los diferentes carriles de circulación, que tampoco enseñan, así que se pasan haciendo firuletes en el borde de la pista que está reservado a las personas que caminan y circulan más rápido. Además se dedican a lucirse en las clases y en la pista cuando la clase ha terminado saltándose todas las normas de circulación, sin darse cuenta del mal ejemplo que están dando a todas las personas que tienen a su cargo, que las observan con admiración. Y no digamos aquellos que por enseñar sus grandes dotes, dejan que la mujer -por seguirles- camine despatarrada y con la figura descompuesta.
Lo grave es que NADIE es capaz de decirles que lo que están haciendo no es correcto, porque claro, son grandes estrellas y no se les puede toser a la cara. Los que no saben porque no saben, y los que saben porque no les interesa. Sinceramente, es una vergüenza.
También he asistido a clases donde no hay niveles, todo el mundo al mogollón, porque hay que ganar dinero y el profesor ni siquiera tiene la honradez de trabajar y hacer grupos de distintos niveles y ejercicios para que todo el mundo aproveche la clase.
Últimamente, además, parece que todo el mundo puede dar clases, cualquiera pone un anuncio en facebook y ofrece su saber de maestrillo sin una pizca de respeto por la profesión y por el tango, sin comentar las normas, sin respetar, sin saber explicar cómo hacer las cosas correctamente.
También tenemos a los que se consideran grandes maestros tergiversando a su gusto las formas de hacer de toda la vida, adaptando a su conveniencia el cómo se deben hacer las cosas.
Las milongas
se han convertido en pistas de riesgo donde muy pocos respetan las normas ni a los demás bailarines circulando en cualquier dirección, sin carriles, hablando a toda voz y dejando las buenas maneras en la puerta. Ésa es la primera gran tarea del docente y después vienen los pasos, las combinaciones y los detalles.
Todo esto me da mucha tristeza y me produce enfado y tengo que repetir que, afortunadamente he tenido buenos profesores que aman el tango y lo enseñan con pasión, inteligencia y buen hacer, pero por favor, paremos esta insensatez que está haciendo tanto daño.


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