Siguiendo
mis costumbres de leer picando en muchos autores diversos y de temática variada
adquirí, no hace demasiado, esta novela. ¿Por qué? Pues conocí a su autor a
través de la red social Facebook, ya no recuerdo bien cómo, y leí algunas de
sus reseñas literarias que estaba publicando en diversas revistas digitales.
Después supe que publicaba una segunda edición de su primera novela, y me
decidí a adquirirla sin pensármelo demasiado; la intuición me falla poco en
este sentido. Por los comentarios sobre el argumento y la ambientación supe que
no tenía un conocimiento profundo ni siquiera somero de este género, si así se
le puede clasificar, en el que se describen los bajos fondos, y que a simple
vista no me atraía demasiado, aunque bien en es verdad que no hacía demasiados
meses leí la magnífica Últimas tardes con
Teresa, de Marsé, de la que esta obra bebe algún que otro sorbo en forma de
homenaje.

No
voy a desgranar la historia, lo siento, solo daré unas breves pinceladas, pues
detesto leer el argumento en las críticas que revela hasta el más ínfimo
detalle de la obra que reseña, de tal forma que poco o nada de ganas quedan ya
de leerla. Ahí va pues: la historia de dos amigos de la infancia, Asís y Artur,
que se ven incapaces de salir del complicado entresijo que, a veces, se produce
debido a la miseria y a la falta de afecto. Bien es cierto que, en algún
momento, tienen minúsculas oportunidades de abandonar la delincuencia, pero son
tan escasas y mustias (rutina, aburrimiento, pobreza) que en poco pueden
competir con la adrenalina que proporcionan sus aventuras fuera de la ley.
Contado
de esta guisa parece simple, el argumento, pero nada más lejos de la realidad;
la trama se va complicando hasta convertirse en compleja, hacia la última parte
de la novela, donde los personajes, cuya nómina se va ampliando
sustanciosamente conforme avanzamos en la lectura, forman un entramado muy bien
engarzado que invita a una lectura apresurada para conocer el desenlace, pues
el ritmo va en aumento hasta convertirse en vertiginoso.
La
ambientación de la novela, retrato de los años 80, es precisa y fidedigna, lo
cual aporta al relato veracidad y rigor: una España que se adentraba en una
falsa modernidad, donde la droga y el desenfreno marcaron a varias generaciones
de ciudadanos y dejaron una huella difícil de borrar, ni siquiera con alcohol de
99º.
He
de decir que lo que más me sorprendió de la novela fue el dominio de los
diferentes registros. El narrador emplea un vocabulario complejo, elaborado,
con descripciones precisas y expresión, en algunos momentos, casi barroca;
mientras que los diálogos constituyen un ejemplo perfecto del habla callejera
de los bajos fondos. Dos puntos clave, a mi parecer, que muestran el cuidado
que el autor ha puesto en el trabajo del estilo: el habla del argentino (doy fe
por experiencia propia) y los informes que uno de los personajes, Dora, realiza
por escrito para robar un banco. No hay pudor a la hora de describir los encuentros
sexuales entre hombres, son explícitos y por momentos agresivos, dolientes; el
autor no duda en nombrar, no realiza eufemismos ni transforma en imágenes los
hechos y es un acierto, pues incide en la crudeza de la vida de estos pobres
diablos.
Robo
a gasolineras, atracos a banco, engaño, prostitución, droga, cárcel… no es
novela para mojigatos, sino para aventureros que no tienen reparo en adentrarse
en las complejas vidas de personajes, que, a pesar de sus acciones, por lo
general violentas ,producen, por momentos, lástima, pues se encuentran
encerrados en un mundo del que les es imposible salir. Tenemos un muestrario de
todas las debilidades humanas: la lujuria, la envidia, la avaricia, la
traición, la venganza, la codicia…
La
novela también tiene sus momentos tiernos (el enamoramiento de Asís le lleva a
leer a Los hermanos Karamazov), sorprendentes
(un intento de viaje a Londres para buscar a Lenon, posible progenitor de uno de
los protagonistas), divertidos (la pancarta del reformatorio) que alivian la
tensión de unos personajes que vagan por Bilbao y Barcelona como almas en pena,
adentrándose cada vez más en un infierno del que, algunos, no podrán salir con
vida; otros seguirán siendo carne de prisión. Solo los más afortunados conseguirán
salir airosos, por el momento; un halo de fatalidad cubre a estos personajes y deja
un regusto amargo en el paladar del lector.
Un
gran comienzo en la escritura creativa de Manu López Marañón (podéis leer alguna reseña suya en la revista Moon Magazine), que estoy segura nos
ofrecerá, de nuevo, buenos momentos con la lectura de sus siguientes obras.
P.
D.: Podéis adquirir la novela a través de cualquier librería por encargo, yo así
lo hice en 80 mundos de Alicante (https://www.80mundos.com/); tenéis también la opción de Amazon aunque os recomiendo,
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