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miércoles, 17 de marzo de 2021

Ballet y mujer. Mariquita, Louise Stichel y Laure Fonta: tres figuras para recordar

 

Mariquita

Quizás sea un buen momento para comenzar una nueva sección en este blog; un apartado dentro de la danza que represente una revelación sobre la mujer y la danza. Revelación en el sentido de descubrir que este arte, que a simple vista todo el público asocia a la mujer, ha sido dirigido y orquestado por hombres, que, en gran medida (casi siempre), han silenciado a muchas mujeres. No se trata de representar la comedia de víctimas y verdugos, sino poner el foco, nunca mejor dicho, sobre mujeres que han representado un hito silenciado en la historia de la danza (y dentro de ella en el ballet).

Laure Fonta

El libro de Ana Abad reseñado hace algunos meses es una buena prueba de ello.Ana Abad

Encuentro hoy un artículo que reivindica, en la revista digital francesa Danses avec la plume el papel de tres mujeres, que se encuentran a caballo entre el siglo XIX y comienzos del XX: Mariquita (bailarina, coreógrafa y maîtresse de ballet), Louise Stichel (bailarina y maîtresse de ballet de la Ópera de París) y Laure Fonta (bailarina, coreógrafa e historiadora de la danza).

Louise Stichel
 

Estas tres mujeres coreografiaron, enseñaron ballet, se atrevieron a dirigir compañías importantes, pusieron en valor el papel de algunos bailarines que eran apartados por no tener influencias y realizaron un papel importantísimo en la recuperación de la historia de la danza anterior a su época con reconstrucciones coreográficas y estudios sobre danzas antiguas (como es el caso de Louise Stichel). Fue más fácil, en los años 30 decir que no había existido nada entre Giselle y la "nueva época"; cuando no se conoce la historia es fácil engañar al gran público.

Recordemos hoy sus nombres.

A continuación facilito el enlace para que los lectores puedan acceder al artículo completo, que está en francés.

Danses avec la plume


 

domingo, 10 de mayo de 2020

Danza: realidades como puños


Ahora, que la danza ha sido tan loada por unos y por otros; más visionada que nunca por gente que no ha asistido a una representación en el teatro en su vida; tan compartida en las redes incluso por los propios profesionales que jamás comparten el material que no sea suyo; tan admirada por los timoratos que se escandalizan a la mínima; ahora, qué.

No nos engañemos, seguimos siendo el pariente pobre de las artes, la gran olvidada de la educación, la menospreciada de la sociedad (¿Bailas?, ¿pero a qué te dedicas de verdad?). Y no va a cambiar. Es pesimista este mensaje, lo sé; pero es la verdad: nada va a cambiar. Se avecinan tiempos de crisis profunda y seguiremos estando a la cola de todo: de preferencias de los políticos; de asistencia de público a los teatros (cuando se pueda, ¿será?); de estudiantes tanto profesionales como amateurs; de patrocinadores, etc. (si es que queda algún etcétera que añadir a esto).

No ayuda que este virus maldito que nos toca sufrir tenga como especial característica para su prevención el distanciamiento social. La danza es cuerpo, es carne, es contacto, es aliento y sin todos estos ingredientes, ¿en qué quedamos convertidos los profesionales de este arte?

lunes, 6 de abril de 2020

"Danza en escena", una revista de danza en formato digital




 
    La edición de revistas especializadas en danza es muy limitada, sobre todo en nuestro país, donde es un arte que no tiene demasiado aficionados y donde, digámoslo claramente, no se le da demasiada importancia a la danza ni a su estudio.

    Pues he aquí un poco de historia sobre la revista que nos ocupa:
La revista Danzaenescena nace en el año 2003, al mismo tiempo que se inaugura en Logroño la Casa de la danza: Casa de la Danza
   

martes, 31 de marzo de 2020

Ballet y mujer en Ana Abad Carlés, "Coreógrafas, pedagogas y directoras I"


Ahora que estamos confinados en casa y tenemos tiempo para leer, mucho tiempo, he decidido darle un tirón a este libro que empecé hace unos días. Debo reconocer que me sorprende la prosa fácil que tiene la autora, no es ello una crítica ni mucho menos, más bien un halago, pues recorres las páginas con facilidad. Ya en su primer libro, Historia del ballet y de la danza moderna, Ana Abad nos mostraba con entusiasmo y dedicación precisamente lo que reza el título de la obra, y con este nuevo volumen, una extensión de lo que fue su tesis doctoral, nos pasea por la danza con una nueva perspectiva, la de la exclusión de la mujer por diversos motivos que va desgranando. El libro está dividido en entornos geográficos por lo que el lector puede decidir consultar por separado una zona que le interese más que otra, pero he de decir que hay un hilo conductor en el discurso que se perdería, sobre todo si obviamos el entorno británico.
El libro se puede adquirir en la plataforma Amazon
Así, descubrimos cómo Marie Sallé no sólo fue una gran bailarina que desafió los cánones de la época, sino que también fue coreógrafa, y que las piezas de la gran Nijinska se “perdieron” en su mayoría, y las dos que se conservan –unas joyas- son el germen del neoclasicismo, que la historia atribuye a un varón, por supuesto. Las envidias y los celos desgraciadamente forman parte de cualquier actividad humana, también de la danza, y eso ha propiciado muchas veces el olvido premeditado, la ignorancia (en el sentido de ausencia de atención) del trabajo.
La lectura ha sido más lenta, porque me he asomado a algunas de las obras que se mencionan, invitación que hago a quien lea estas líneas, pues así se comprende mucho mejor de lo que se está hablando.
Son estas mujeres -Nina Anisínova, Agnes de Mille, Ruth Page, Mona Ingelsby, Mercedes Quintana, Marie Rambert, Janine Charrat, Andrée Howart, Ninette de Valois-, las que, a lo largo del mundo, trabajaron con dedicación y entusiasmo para crear coreografías, metodologías, para impulsar el arte que amaban a través de compañías de danza y de dar oportunidades a talentos que, en su mayoría, por ser hombres, tuvieron el camino más fácil y obtuvieron el reconocimiento que sus antecesoras o contemporáneas no gozaron.
De todas estas mujeres es quizás Alicia Alonso de la que más memoria se tiene, indudablemente su unión con el poder político y su determinación la convirtieron en un elemento imprescindible para entender la danza en Cuba.
También Vagánova o Ninette de Valois son figuras ampliamente conocidas, y con un fuerte soporte de poder detrás sin el cual no hubiesen podido continuar su labor.
Es evidente que la historia se conserva por la voluntad o no de quien la escribe, y que las coreografías se conservan o no por la voluntad de quien asume las responsabilidades artísticas de las compañías, y en eso las mujeres han sufrido una clara exclusión (a veces perpetrada por las propias mujeres) en favor de los hombres. Y, en este arte, lo que no se ve, no existe. Debido a esta ignorancia a muchos hombres se les ha atribuido novedades que ellos aprendieron, vieron o copiaron de mujeres, pero al no permanecer estas obras (de mujeres) en los repertorios, el discurso no se puede contradecir.
Interesantísima la reflexión final sobre cómo se han tratado los datos dentro de la propia investigación de danza -realizada por mujeres-; la tendencia a analizar todo lo acontecido a través del prisma male gaze (mirada masculina) anulaba a muchas mujeres que, a lo largo de la historia, sí habían realizado un trabajo creativo importante y no se habían contentado con ser ejecutantes del poder masculino: querer defender una teoría a toda costa puede, a veces, ser contraproducente.
Es por ello que se convierte en necesaria la aparición de publicaciones que, como ésta, reivindiquen el papel que la mujer tuvo en la historia de la danza no solo como intérpretes sino como generadoras de coreografías, técnicas, compañías de danza, pedagogías. Si sus obras se han perdido o están mal conservadas, al menos su recuerdo hará que no se borre del todo su existencia.
Pronunciemos sus nombres para que otras generaciones sean conscientes del camino que ya hay recorrido, pronunciemos sus nombres para que no se pierdan en el olvido.

viernes, 27 de marzo de 2020

El ballet (la danza) y el cerebro


Este vídeo explica brevemente algunas de las funciones cerebrales que utilizan los bailarines y por supuesto también las personas que bailan sin ser profesionales.
 Neuroplasticidad, neuronas motoras, neuronas espejo y automaticidad son las funciones principales que desarrollamos las personas que bailamos. Aunque tampoco debemos olvidarnos de la importancia de la respiración, el hablar con uno mismo, la visualización y la auto reflexión como herramientas fundamentales que marcan la diferencia a la hora de la ejecución/interpretación de la danza.
Con el baile no solo entrenas tu cuerpo sino también tu cerebro: ¡Anímate a bailar!